jueves, 4 de febrero de 2010

El sonido de la caducidad

Del Heike Monogatari. Libro Primero. Capítulo primero.
El Monasterio de Gion
"En el sonido de la campana del monasterio de Gion resuena la caducidad de todas las cosas. En el color siempre cambiante del arbusto de shara se recuerda la ley terrenal de que toda gloria encuentra su fin."
Verdadero y bello comienzo del Heike Monogatari. En el Monasterio de Gion existía una sala llamada "sala de la fugacidad", en la cual se alojaban los monjes enfermos.
El arbusto de shara refiere a los ocho arbustos que se hallaban en las esquinas del lecho de Buda. Cuando éste entró en Nirvana se inclinaron hacia el centro del lecho, y sus hojas tomaron el color blanco.
Leyendo y pensando en estos textos, ruego por un oído sensible al sonido de la fugacidad, atento a las variedades de la transformación, devoto de los matices del devenir.
Finalmente, todo sonido es tiempo, y en tanto tiempo mensurado encuentra su eficacia en el límite, resuena en su acabamiento pues allí se dispersa, aniquilándose.

viernes, 22 de enero de 2010

La libertad como presidio, cosa de rusos...

Ordenando archivos y carpetas que han pasado de computadora en computadora, aparece este pequeño texto, escrito por mí al calor de vaya a saber qué lucha, y seguramente leído por los tres o cuatro pacientes congéneres que todavía hoy me benefician con su amistad.

Va como muestra de inquietudes perfectamente actuales, plasmadas en la littera de hace unos veinte años atrás, más o menos.
La dedicatoria es obligada, pues el marco de estas líneas es el debate sobre el derrumbe político de la universidad pública; por eso: a todos los pseudoliberales y sepultureros del marxismo que se hicieron con la universidad en los 90, y actualmente se han convertido en sus "dueños".
A falta de jesuítas y curas "anchos" ostentando el famoso "trapo morado", han inaugurado la etapa del oscurantismo mercantil, e inventado diversas formas del consabido besamanos académico, sin el cual no hay puchero, ni pan duro, ni prurito de excepcionalidad


La difícil tarea de desplazar problemas.


La siguiente frase de Albert Camus, leída en su pieza teatral “Los Justos”, ha despertado nuestra curiosidad:

“La libertad es también un presidio, mientras exista un solo esclavo sobre la tierra”.

Se recordará al instante que esta frase no brota, en la obra de Camus, de la boca de algún filántropo al gusto, sino de un anarquista[1] ruso, pronto a volar con explosivos el carruaje de un noble de la misma nacionalidad, con sus pequeños hijos en el interior.
Nuestra atención se ha detenido, en este caso, en la palabra también, que pone en tensión dos vocablos a toda vista antitéticos: libertad y presidio.

La condición de encontrarnos en tal trance es, para Camus, la existencia real de un solo esclavo en la tierra. Es un secreto a voces que la libertad extiende su piadoso manto sobre el género humano, también sobre los esclavos, a quienes hemos tenido a bien reconocer como parte de la humanidad; por supuesto que los esclavos de ayer, de hoy y de siempre nos están eternamente agradecidos.
La libertad del anarquista ruso es aquella que se reivindica frente a la autocracia, y que aparece como raíz y fundamento apofático -por vía negativa-, en el árbol genealógico de nuestras instituciones políticas e ideológicas[2]. Se trata de radicalizar lo posible corrosivo de las libertades como “ausencia de constricción”, que abrieron paso a las audaces propuestas de las democracias actuales.
Un hombre que al hablar de la libertad reconoce su carácter jánico de presidio ante la existencia de un esclavo, está marcando un desplazamiento, aquel que nos pone frente a la paradoja por la cual la libertad deviene o convive con su contrario, cuando, desplazada de su predicación genérica respecto de la condición humana, se determina en un individuo privado de ella.

La pregunta que emerge del desplazamiento es ¿cuál es la libertad que, sustraída al esclavo, posee la potencia de encarcelar a la humanidad?.
Recordamos, junto a la frase antes citada, la distinción de Constant entre “la libertad de los antiguos y de los modernos”: aquélla es la libertad de la autarquía e isonomía, ésta la del goce privado, fundado en el régimen de propiedad. En este régimen el individuo es tan pronto una suerte de “martillo divino” que decide crear el mundo según el interés del capital, como, en la trama de las mediaciones de la "cultura", una especie de “hombre estuche”, del que nos habla Benjamin, al caracterizar las peculiaridades mobiliarias del conformismo existencial de la burguesía [3].
En este horizonte, hacer que un esclavo nos devuelva la conciencia del encierro, y lo que es más, nos susurre que la libertad carcelaria de la que “gozamos” es, por lo pronto, el índice de nuestro cinismo, hace que celebremos al no-filántropo anarquista ruso, sabiendo que en algunas páginas más hará volar por los aires a dos niños no-esclavos (ser es aparecer, decían por allí, en la Magna Grecia).
Nuestro tirabombas se dará el lujo, además, de plantearse cuestionamientos morales al respecto[4], pues de no hacerlo no sería un ruso creíble, por lo menos no uno de la época de Dostoievski....aunque se sabe que desde el 89 todo ha cambiado mucho urbi et orbi.

[1] Es hora de aclarar que los anarquistas no son filántropos.
[2] También conviene recordar que la ideología es una institución.
[3] Se impone mencionar en este punto, que, posmodernidad mediante, la burguesía no ha cambiado la expresión decorativa de su banalidad, los lofts actuales son tan lóbregos y simplones como los gabinetes de principios de siglo.
[4] Decididamente tal acción lo excluye del conjunto de los filántropos pasados, presentes, y futuros, no hay peor estupidez que enarbolar la mera bondad ante la injusticia, y jamás se ha escuchado a un filántropo cuestionarse acerca de la reversibilidad de sus actos.

lunes, 18 de enero de 2010

Posibilidad

Poema n. 657

Yo habito en la Posibilidad-
Una Casa mejor que la Prosa-
Más numerosa en ventanas-
Superior -por sus puertas-

En Recámaras, como los Cedros-
Inaccesibles al Ojo-
Y para Perdurable Techo
Los Tejados del Cielo-

Como Visitantes -los más Gentiles-
Por Ocupación -Ésta-
Extender muy abiertas las angostas Manos
Para juntar el Paraíso-

Emily Dickinson

No fue silencio puro, ni soledad sonora... esta vez el tiempo de montaña se mostró como posibilidad, y angostas manos para juntar, gota a gota, soplo a soplo, las migajas de algún Paraíso....
Posibilidad, espera, atención, como los poemas de la doncella de Amherst, tal mi deseo, aquí, en mi pobreza.

lunes, 14 de diciembre de 2009

La Bernarda. Entrando por soleares, saliendo por bulerías.

Historia de mis diez años: mi padre contando algún episodio de sus primeros y juveniles viajes al Viejo Mundo.
Aquel muchacho, hijo de la prosperidad argentina, hecha de los desvelos -ad litteram- de un comerciante piamontés y de una vasca ahorrativa, se apasionaba por Schöenberg, y dibujaba pentagramas con variaciones dodecafónicas de las fugas de Bach.
Una noche "europea", de salida clandestina, llega a esas antiguas y resplandecientes cuevas de sierra Morena, donde gitanos y gitanas iban por bulerías, y se trenzaban en francas peleas de cuchillos bien templados, limpios, como el cante.
Y allí escuchó a una voz incomparable del flamenco, a la Bernarda, Bernarda de Utrera, hermana de la Fernanda, igualmente grande. La fascinación fue inmensa, tanto que todavía brilla ante mí, esa niña de diez años, que hoy recuerda.
Andando por la red me he encontrado con algunos de los videos y grabaciones de la Bernarda, y he vuelto a aquellos cuentos invernales, y al resplandor de las palabras de un hombre joven, con sus hijos.
Me ha encantado mirar a la muchacha morena y discreta en sus ardores, y a la mujer anciana, casi ciega, que tejía el cante: una cuerda de esparto y fuego, como supo decir Antonio Gala.

Buen día para ese recuerdo, hoy que se celebra a Fray Juan de la Cruz, hermano y poeta.

Si hubiera algún viandante curioso, una hermosísma muestra de lo dicho:

http://www.youtube.com/watch?v=Jdndkg4ZNdc

Ex corde

viernes, 13 de noviembre de 2009

Sólo es amor

“Dichosos todos aquellos que creen
y acaban sus vidas, como el emperador Manuel Commeno,
modestamente revestidos de su fe.”

Konstantinos Kavafis


Son aires boreales
venales figuras, toda luz.
Desciende la piedra a la blancura,
soporta el latrocinio de los dioses.

Los laberintos no son para el enigma.
Son lúbricos espejos del alma de los hombres;
Pitágoras lo ha dicho:
No hay confusas murallas ni frívolos ardides.

Los laberintos son para el coraje, el miedo
y la muerte.

Cobijan sus muros el paso invencible,
la resuelta trama de mi sangre
Y en el senda rectilínea del madero,
la tenaz demora de los días
su desierta plenitud de firmamento.

Lo demás, sólo es amor.

FD

martes, 20 de octubre de 2009

Silencio puro es mi corazón


"Valles sonoros de pedregal/ piedra por piedra el viento va/ borrando huellas a mi dolor/ silencio puro es mi corazón." Doña Ubenza, del Dúo Salteño.

Se trata de "la música callada, la soledad sonora" que celebró Juan de la Cruz.
Faltan unas semanas, y por fin, volver a respirar.

viernes, 10 de julio de 2009

Imagen

Dejando toda esperanza en la sala de espera de la verdad, cito una frase magistral de Guy Debord en La sociedad del espectáculo:

"La imagen se ha convertido en la forma final de la cosificación para la transformación en mercancía".

La lógica del fetiche hace que todo devenga imagen -no meramente como velo, sino, más arduamente, como figura positiva-, en la línea por la que la cosificación realiza la alienación. Devenir algo en este contexto es adquirir la posición de separado de sí, ser extraño como condición constitutiva.
El fetiche "media" esa distancia por supresión, llenando todo con tal presencia sustitutiva.
Decir que la propiedad es un robo es afirmar que la forma básica en la que la propiedad circula, la mercancía, elimina toda distancia, hace del ser humano, como decía el bueno de KM en los Grundisse, "pura subjetividad sin objeto".
En el baile circular, de la imagen en la cosa, fetiche y mercancía, allí, en eso, vivimos, o más precisamente, somos...
Ergo, no hay nada inexplicable.